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Resumen

La figura del mártir ha tenido un papel fundamental en la política de memoria estructurada por las comunidades armenias después del genocidio (1915-1918); funge como imagen de honra nacional que ayuda al mantenimiento de la identidad armenia en espacios de asimilación (países anfitriones de la diáspora). En este artículo presento las transformaciones por las cuales ha transitado esta figura a partir de su puesta en escena cada 24 de abril, fecha de conmemoración del genocidio.